El silencio de la suite de la Mansión Franzani era una burla acústica diseñada para quebrar los nervios de cualquiera.
Matteo se había marchado a una reunión urgente con los abogados de la fusión, dejándola atrapada en el eco de sus propias reacciones físicas. Las pesadas cajas negras de la boutique se apilaban en una esquina del vestidor de caoba, trofeos mudos de una cacería donde ella era la presa disecada y vestida a medida.
Isidora caminó hacia la inmensa cama. Metió la mano bajo la almohad