85. El Peso de la Libertad
La luz del amanecer entraba tímidamente por las cortinas del apartamento de Diego, dibujando líneas doradas sobre las sábanas blancas. Isidora despertó lentamente, consciente del brazo de Diego rodeando su cintura, del calor de su cuerpo contra su espalda, del ritmo pausado de su respiración. Por un momento—apenas un parpadeo de tiempo—se permitió sentir la paz de ese instante. La seguridad de estar exactamente donde quería.
Entonces la realidad la golpeó como agua helada.
Seguía comprometida c