26. Heridas de Orgullo
Isidora se despertó sola en la inmensa cama principal de la suite Franzani. Su cuerpo estaba tenso, rígido por la noche de vigilia. Matteo no estaba allí, pero la presión de la noche anterior, el casi beso y la amenaza de ser forzada a dormir en su suite, la habían dejado con una culpa que la quemaba.
No había habido intimidad. La había detenido. Pero la vergüenza residía en la traición de su propio deseo. Ella había sentido el impulso, el temblor que él le había señalado. Él había ganado la gue