El vino desciende por mi garganta con un ardor suave pero imponente, no es un sabor desagradable, pero tampoco es algo que disfrute en este momento. No cuando tengo a dos demonios observándome con sus ojos oscuros y calculadores, como si fueran depredadores acechando a su presa, esperando que haga el más mínimo movimiento en falso.
El Sheikh me observa con una sonrisa que no alcanzo a descifrar, su copa suspendida en el aire antes de llevarla a sus labios, bebiendo con la calma de alguien que t