La poca paciencia que me quedaba se evapora. Atrapó sus muñecas con una fuerza que la hace jadear y la aparto con brusquedad.
—No te llamé para follarte, —gruño, mi voz baja y áspera, cada palabra un golpe seco.
Ella abre la boca, pero no sale ningún sonido de sus labios gruesos y rojos.
No esperaba ese rechazo.
Olenka siempre ha creído que tiene algún tipo de poder sobre mí. Que la tolero porque me gusta lo que ofrece en la cama. Que puede usarme como usa a cualquier otro hombre. Pero está muy