CROW
No la había visto en días. No porque no pudiera, sino porque no me daba la m*****a gana. Sabía exactamente lo que estaba haciendo: dejando que se pudriera en su propia terquedad, esperando a que se quebrara por su cuenta.
Quella piccola diavola era una mocosa obstinada. Y eso solo hacía todo más interesante.
Cuando entré a la habitación, el hedor a encierro y piel sudorosa me recibió de inmediato. En este momento es sutil, pero está ahí. Un recordatorio de cuánto tiempo llevaba en este aguj