ANTONELLA
Las luces de la habitación eran mínimas, apenas suficientes para distinguir las sombras de los rincones. Las cuerdas aún apretaban mis muñecas y tobillos, pero no me preocupaba. El dolor ya era parte de mí; había aprendido a ignorarlo. Lo que realmente importaba era mantenerme firme. No les daría el placer de verme flaquear.
Mi mirada recorrió la habitación por enésima vez, buscando algo, cualquier cosa que pudiera usar, pero la cama seguía siendo el único objeto presente. No había lu