La mañana en la obra había sido intensa.
Con las cuadrillas organizadas y el ruido del cemento mezclándose con el sol, todo parecía avanzar sin pausas. Pero en el rincón de descanso de la oficina técnica, dos mujeres se tomaban un pequeño recreo que no estaba en el cronograma.
Silvia dejó su taza sobre la mesa y suspiró con fuerza, como quien deja salir algo que venía guardando hace días.
—Che... ¿te puedo decir algo sin que después me lo cobré?
Anahir alzó la vista del plano, sonriendo con com