Capítulo – El Dolor Que No Se Dice
Silvia Herrera esperaba sentada en la terraza del pequeño café que solía frecuentar, justo en la esquina de la plaza donde el otoño comenzaba a teñir los árboles de oro. Santiago Durán llegó con su paso tranquilo, ese que siempre tenía, como si nada lo apurara pero todo le importara.La había llamado para reunirse urgentemente.
—¡Silvi! —dijo, abriéndole los brazos y llegando hacia ella .
Ella sonrió y se levantó para abrazarlo. Eran amigos desde hacía años, d