Capítulo: La Mentira que se Comió al Hombre
Fabricio Castiglioni tenía la mirada fija en la pared de su cuarto desde que salió de la cárcel vivía ahí metido .
Una pared sin cuadros, sin relojes, sin fotos.
Vacía, como su conciencia.
El cigarrillo se consumía entre sus dedos, pero lo que realmente ardía en su sistema era otra cosa. Algo que había probado “por curiosidad” semanas atrás. Algo que uno de esos idiotas del Pipo le había dicho: “Esto te da claridad, hermano. Te hace fuerte.”