El estruendo del disparo desgarró la noche. Thiago se abalanzó contra Lux y la cubrió con su cuerpo, hundiéndola contra el suelo.
—¡Vámonos! —gritó uno de los encapuchados. En segundos, los hombres corrieron hacia una camioneta estacionada a pocos metros y el vehículo arrancó a toda velocidad, perdiéndose en la calle oscura.
Thiago, Lux y la joven quedaron paralizados, respirando agitadamente, con la adrenalina aún martillándoles las venas.
—¿Estás bien? —preguntó Lux, mirando a Thiago, que seg