- 00:10 hs. - Salomé.
—¡Te amo, Salomé! ¡No quiero ayudarte más con Damián!
Cuando terminó de recitar esa frase, se quedó mirándome, como esperando a mi reacción. Pero yo no supe qué decir, ni qué hacer. Se había vuelto todo muy borroso en mi cabeza. Y respondí lo primero que se me ocurrió.
—Pero... ¿qué dices? Me parece que estás borracho, Fer.
—No estoy borracho. Te amo. Ahora lo sé.
No me podía creer que me estuviera diciendo eso. No podía ser. Algo tenía que estar mal. Si no estaba borracho