—¡Sí! —atiné a decir.
—¡Hasta que contestas! —respondió Dami—. ¡Llevo desde las ocho tratando de comunicarme contigo!
—Lo siento, Dami, tenía el móvil sin batería y no me di cuenta hasta recién...
—Creo que ya va siendo hora de que pongamos teléfono fijo...
—Es probable —dije riéndome—. En fin, ¿cómo estás? ¿Has dormido algo?
—La verdad es que muy poco. Ya sabes lo que me cuesta poder conciliar el sueño en casa ajena...
—¿Pero a qué hora terminaste?
—A las siete.
—¿Y ahora estás en la casa de t