00:15 hs. - Salomé.
Lo siguiente que recuerdo es que cerré los ojos, tomé aire y...
—¡No! —logré decir a tiempo— No puedo hacerlo...
—Tranquila, Salomé, todo va bien... Relajate y...
—¡Te digo que no! ¡No puedo! ¡Y tampoco quiero! —dije ya un poco más nerviosa. Y como saliendo de un trance, me acomodé el camisón y me separé de él.
—Tranquila, no te enojés. Tenés miedo porque nunca lo hiciste, nada más... —dijo volviendo a acercarse.
—¡Te digo que no! —volví a gritar, y esta vez se detuvo. Se se