Enfados

—Vení... —dijo de pronto. Se puso de pie y me hizo agacharme delante él.

—No quiero hacerlo —me apresuré a aclararle, creyendo que me haría... bueno, eso.

—Tranquila, de esta forma va a ser más cómodo para vos.

Tenía su pene justo delante de mi cara, firme y esperando a mi proceder. Ahora sí que me había fijado en su tamaño, y si bien no había visto otro más que el de mi novio en toda mi vida, no era tonta y sabía que ese, en particular, era grande. Lo volví a sujetar y realicé el mismo movimie
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