12:05 hs. - Fer.
—¿Me pasas la sal, princesa?
—Sí, bebito mío.
—Eres un cielo, te amo mucho.
—Y yo a ti, corazón.
De no ser porque estaba a, creía yo, unos cuantos trabajos de terminar de pagar mi deuda con Amatista, no hubiese dudado en salir afuera y tirarme por el balcón a lo Félix Baumgartner. Esos dos llevaban toda la mañana en ese plan y no tenía ni la más puta idea de por qué. Hacía tan sólo 24 horas parecía que estaban a punto de romper, y ahora estaban más cariñosos que Batman y Robin.