08:57 hs. - Damián.
Abrí los ojos sobre las nueve de la mañana. Me dolía un poco la cabeza. Instintivamente estiré mi brazo izquierdo y busqué a Salomé en el otro lado de la cama. Ahí estaba ella, durmiendo todavía. Me coloqué de costado y pegué mi cuerpo al suyo. La abracé; busqué su calor, pero su cuerpo estaba extrañamente fresco. El dulce aroma de su cuello provocó que cerrara los ojos y sonriera. Su pelo también olía muy bien. Coloqué la mano en su vientre y me pegué un poco más a ella. El