09:20 hs. - Salomé.
—¡Arriba! ¡Arriba!
—Dios... ¿Qué hora es?
—Las nueve. ¿No querías que me levantara temprano hoy? Pues aquí estamos. ¡Arriba!
—Pff... Eres mala, ¿eh?
Damián tenía razón, no podía apalancarme en ese ritmo de vida. De una forma u otra me iba a terminar por hundir esa monotonía. Por eso me desperté, me di un buen baño y me predispuse a pasar la mañana haciendo muchas cosas que tenía pendientes del fin de semana.
—¿No te vas a levantar? Bueno, como quieras. Voy a ponerme a limpia