05:32 hs. - Damián.
Si en ese momento me hubiesen dicho que las últimas siete horas de mi vida podían ser eliminadas de mi memoria, habría aceptado sin pestañar. Estaba exactamente igual que cuando salí del edificio de mi casa escoltado por mis amigos y Zamira. Me sentía igual de mal, igual de perdido y con la misma sensación amarga de no saber qué cojones estaba haciendo en ese mundo. Y todo eso viendo el vaso medio lleno, porque, en realidad, el hecho de contar con cuatro amigos menos me hací