—Lau... —murmuré, atónito, sin saber todavía cómo continuar.
Con cierto pudor, tapándose el pecho con el brazo derecho, se metió debajo de la cama y reptó hacia mí hasta que su cabeza quedó a la misma altura que la mía.
—Lau...
—Shhh... —me dijo, poniéndome un dedo sobre los labios—. Ya has dicho suficiente.
Dijo eso y volvió a abrazarme igual que antes. Su móvil sonó de nuevo. Torció el gesto. Se debatió entre si darse la vuelta y cogerlo o no. Finalmente lo ignoró y luego volvió a quedar cara