Kim soltó una risa suave y melódica que resonó contra la cabecera. Estiró la mano y le pasó los dedos por el cabello revuelto a Andy, con los ojos brillando de afecto y diversión.
—¿De verdad quieres bajar ahí? —lo provocó, bajando la voz a un susurro seductor—. No a todos los hombres les gusta hacer eso, Andy. Y menos en su primera noche. Ya has tenido suficiente ejercicio por hoy. Siempre podemos dejarlo para otro día.
Andy no se movió. Se mantuvo posicionado a los pies de la cama, con los