La habitación del hotel estaba impregnada del suave resplandor de las lámparas doradas, y el sonido de las olas del mar fuera del balcón marcaba un pulso constante y rítmico. Había llegado el momento. La luna de miel.
La noche tan esperada. El momento en que el novio virgen se entregaba a su esposa por primera vez.
Andy estaba de pie al borde de la gran cama con sábanas de seda, con el corazón golpeándole las costillas como un pájaro enjaulado. Se sentía mareado, y sus ojos no paraban de via