“Papá… yo…” No pude terminar el pensamiento. Estaba mirando sus labios. Estaban tan cerca.
No sé quién se movió primero. No creo que importara.
De repente, la distancia desapareció. Su boca chocó contra la mía, y no fue el beso de un padre. Fue profundo, hambriento y desesperado. Su lengua se deslizó en mi boca, sabiendo a menta y calor, reclamándome. Gemí en su garganta, mis manos volando para agarrar sus hombros húmedos.
Rompió el beso por un segundo, su frente descansando contra la mía.