Desde esa noche, Leo era un hombre distinto. No podía quitarse el "sueño" de la cabeza. Cada vez que cerraba los ojos, sentía un calor fantasmal; la sensación persistente de un coño apretado y húmedo envolviendo su polla. Lo estaba volviendo loco.
Observaba a Maya al otro lado de la mesa durante la cena, con la mirada siguiendo la línea de su cuello. Tenía ráfagas de imágenes de su cabello rubio cayendo sobre su cara. Necesitaba saber si aquello fue real. Necesitaba saber qué se sentía al to