—¡Maya, suéltame! —raspó Leo, con la voz temblorosa—. Lo siento... yo... joder... esto está mal. Suéltame.
—No —repitió ella, apretando más el agarre en su cintura. Inclinó las caderas, haciendo que la polla de él se revolviera dentro de ella—. ¿No crees que esta verga encaja a la perfección, hermanito?
—¿Qué?
Ella sonrió con malicia. —Quiero sentirla dentro de mí otra vez. Toda.
A Leo le dio vueltas la cabeza. —¿Otra vez? ¿A qué te refieres con "otra vez"?
Ella no respondió. Solo sonrió;