—Mmm-nnn-gh... aah... Leo... —Leo soltó un gemido largo y vibrante desde lo más profundo de su pecho.
Tenía los ojos cerrados, pero su cuerpo estaba despertando. Sus manos grandes se movieron por instinto, con los dedos clavándose en el colchón al sentir cómo la humedad ardiente del cuerpo de ella lo devoraba.
Maya soltó un suspiro tembloroso. —Ohhh... Leo... eres tan... mmm... eres tan enorme...
Ella empujó más hacia abajo. Podía sentir las gruesas venas de su miembro deslizándose contra sus