EMILIANA
Por razones como estas era que no tenía muchos amigos, desde que entre por la puerta del restaurante me di cuenta que Pietro haría todo lo posible para avergonzarme frente a Amanda y la cosa solo empeoro cuando llegó su esposa, Claudia.
Nunca lo admitiría frente a ella, pero en serio que esa mujer daba miedo, sobre todo cuando cargaba ese rodillo de madera, blandiéndolo como una completa lunática. Solté un suspiro cuando nos llevaron a una mesa, marchándose para darnos un poco de priva