EMILIANA
Cuando Amanda me dijo que las cosas entre nosotros no debían seguir avanzando, mi vi en la obligación de contener las ganas de reír con todas mis fuerzas.
¿Cómo se supone que haría eso cuando estaba metida hasta las trancas en lo que sea que sucediera?
Literalmente me sentía como una estúpida guardando sentimientos por alguien a quien obviamente no le interesaban, es más, tenía miedo de ellos.
Sabía que esto último no era verdad, simplemente a la parte masoquista de mi cerebro le gusta