AMANDA
Ver a Emiliana moverse de un lado a otro por la cocina como si estuviese por completo en su elemento, es uno de esos pequeños placeres que nunca deben negarse en la vida. Mis ojos no podían dejar de seguir cada uno de sus movimientos, prácticamente estaba hipnotizada ante ella.
Estaba salteando un trozo de carne, el cual ya había aliñado hace un momento, la botella de vino ya iba por la mitad y yo empezaba a sentir sus efectos. Ese delantal blanco en su cuello era demasiado sexy para mi