EMILIANA
—¿Emi? —Escuchar el apodo cariñoso proveniente de los labios de Maya fue como me enterraran un puñal en el pecho. —Hace mucho tiempo que no nos veíamos, ¿cómo has estado? —esbozó una sonrisa, se notaba emocionada por encontrarla. Que actuara como si no hubiese pasado nada entre nosotras aumento la rabia que nacía en mi estómago.
Mi cerebro no termina de procesar lo ocurrido, me resultaba imposible que de verdad estuviera frente a mí, pero al escuchar el relincho de su caballo me conven