La terraza estaba casi vacía. La ciudad se extendía debajo como un océano de luces titilantes. El viento nocturno movía suavemente mi cabello erizando mi piel en el proceso.
Vincent cerró la puerta de vidrio tras nosotros. El sonido aisló el mundo. El aire se cargó de una atmósfera espesa, llena de anticipación a lo que estaba por venir.
—Me gusta este momento —dijo—. Cuando todo parece posible.
—Eso es peligroso —respondí, apoyándome en la baranda mirando a la nada.
—Lo seguro rara vez cambia