Me observé en el espejo del vestidor mientras ajustaba los pendientes de diamantes que Leonardo me había regalado en nuestro último aniversario. Las piedras brillaban con intensidad bajo la luz, pero ni todo aquel lujo conseguía esconder la tristeza que habitaba en mis ojos.
Fuera de estás cuatro paredes, mi vida parecía perfecta. Pero dentro de ellas era una historia totalmente diferente.
Vivía en una mansión enorme, tenía chofer, vestidos de diseñador, dinero para gastar a mi tones y llevaba