Entre tanto, Dante desde su escondite, con una máscara de hierro sobre su rostro ocultando sus quemaduras y con cierta dificultad para respirar observaba una foto de ella.
—Disfruta tu felicidad, Aurora —susurró Dante con una voz que parecía venir desde el mismo infierno—. Porque lo que más amas, será lo que use para destruirte, ya no tengo nada más que perder.
Luciano no era el mismo desde que salió de prisión. La celda había afilado sus instintos y su amor por Aurora había cruzado una líne