Meses después
Luciano empujó al hombre frente a él, hizo que se agachara y besara sus pies.
—Les advertí que este lugar es mío y por más que su maldito dinero entre por ahí, no pueden hacer lo que quieran.
—Lo siento señor Costello, lo siento tanto. Le daré más, le pagaré el doble, pero no me mate por favor, mi familia me espera.
Luciano se detuvo, familia. Esa palabra era su gran debilidad aunque no lo mostrara realmente.
—Está bien, me pagarás el triple. Pero si vuelvo a enterarme que est