Cristian no dejaba de pensar en lo casi sucedido con Vittorio. Aquella cercanía tan peligrosa que se había formado entre ellos lo perturbaba más de lo que quería admitir. Por más que intentara distraerse, pensar en otra cosa o enfocarse en el trabajo, era casi imposible no recordar los ojos oscuros de Vittorio y ese porte tan seguro que lo desarmaba sin siquiera intentarlo.
Estaba en una reunión importante, pero su mente seguía atrapada en la noche anterior, en el roce involuntario de sus manos