James lo miró con los ojos húmedos, sintiendo que toda la rabia contenida durante años se revolvía dentro de él.
—Entonces dime. Dímelo todo. Porque si vine hasta aquí… es para escuchar la verdad. De una maldita vez.
Y Vittorio asintió, despacio. Con la mirada cargada de una historia que aún no había sido contada.
—Entra. Esto no es algo que se diga en medio del frío… ni de pie.
El interior de la cabaña estaba bañado por una luz tenue, cálida, proveniente de un par de lámparas de aceite que cre