Sean lo miró, preocupado, y cuando James se giró para caminar hacia la puerta, lo alcanzó rápidamente. Con una mano, lo detuvo suavemente, tomando su brazo con firmeza.
—¿Qué harás, James? —preguntó, su voz cargada de temor. La intensidad en los ojos de James era palpable, como si llevara una tormenta en el pecho.
James suspiró, con la respiración entrecortada, y sin mirar atrás, dejó que la mano de Sean lo tocara.
—Necesito ver a mi padre, Sean —respondió con determinación—. Iré solo.
Derek, q