Villa Carbone – Una semana después.
Las paredes del salón estaban decoradas con flores blancas, cortinas doradas, mesas vestidas con manteles de lino y copas de cristal tallado. Todo brillaba con una perfección casi obscena. Las empleadas corrían con listas en mano, decoradores iban y venían bajo la supervisión de mujeres de alta sociedad que reían entre sorbos de champán. Era el espectáculo de una boda soñada… para todos, menos para el novio.
Vittorio entró al salón como una sombra, con las ma