El jet privado aterrizó en Palermo al anochecer. El aire caliente y salado del puerto se coló por las ventanillas del auto mientras Alessandro miraba en silencio la ciudad que creía dominar. Nada parecía diferente… excepto él.
Enzo iba sentado a su lado, revisando informes, frío, distante. Alessandro no le hablaba desde el incidente en Roma. Ni siquiera se había atrevido a mirarlo de nuevo sin sentir que algo en su cuerpo le respondía sin su permiso. Y eso lo enfermaba de dudas.
Al llegar a la