El sol caía sin fuerza cuando el auto negro de James rodó por la carretera principal que los conduciría hacia la prisión de máxima seguridad en las afueras de Roma. Jin iba en el asiento trasero, con las manos sobre las rodillas, crispadas, conteniendo un mar de emociones. Matteo estaba a su lado, apretando su mano con fuerza, sin decir una palabra. Sean iba delante, mirando de vez en cuando por el retrovisor, y James conducía con una seriedad que rara vez mostraba.
Durante el trayecto, el sile