Mi madre me sujeta con fuerza de uno de mis brazos y me jalonea hasta su lado.
—Hazel no ira a ningún lado —le reclama por su acción la señora Cornelia metiéndose en el medio—. Ella se queda aquí.
—Hazel es mi hija y quiera o no se irá conmigo.
Quito su mano de un solo manotón.
—¡No voy a ningún lado! —exclamo furiosa.
—Mira como me hablas —dice sorprendida por mi reacción.
—Preferiría morir que regresar a esa horrible casa de torturas —me lleno de valentía—. Esta vez no voy a obedecerte.
—¿Qui