Las balas rebotan en los vidrios del auto. A pesar de que se trate de un auto blindado no puede contener tantos disparos.
—¡Agáchese señora Hazel! —me grita Elio mientras intenta conducir a toda velocidad por un estrecho callejón.
Obedezco a lo que me ha pedido, me mantengo oculta en el suelo del auto tanto como puedo pidiendo en suplicas que no suceda nada grave.
—Mierda, y más mierda —escucho quejarse a Elio mientras marca un número en el teclado táctil del auto. Un pitido se escucha por un p