Valentino y yo seguimos nuestro camino hasta la mesa en la que se encuentran sentados de nuevo Damiano y Odette, parecen discutir algún tema relacionado con ellos, y en cuanto nos ven llegar se quedan en silencio.
—Es una bonita recepción —digo para romper el silencio.
—Lo es, es muy bonita —responde Odette mirando maravillada la decoración de nuestro alrededor—. Hay muchas flores bonitas y coloridas. Adoro las flores igual que mi hermano —sonríe ella.
—¿Las adoras? —Enarca una ceja su marido—.