Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en la bóveda de seguridad huele a polvo acumulado, barniz viejo y a un encierro asfixiante. Elena Vance siente que los brazos le pesan como plomo después de haber arrastrado la cuarta caja de esculturas de bronce hacia la mesa de catalogación. El sudor le perla la frente y su traje sastre, antes impecable, ahora tiene marcas de suciedad en las mangas. Ha estado trabajando sin descanso bajo la luz amarillenta de los focos halógenos,







