Mundo ficciónIniciar sesiónEl portazo de la salida trasera de la galería aún resonaba en el aire del vestíbulo cuando Dimitrios Korpis comenzó a moverse. Tenía los puños apretados dentro de los bolsillos de su pantalón y la mandíbula tan tensa que le dolían los dientes. La imagen del maldito tatuado rozando con sus labios la comisura de la boca de Elena le repetía en la mente como una burla constante. El magnate griego, acost







