Mundo ficciónIniciar sesiónElena se deslizó de la parte trasera del asiento con una familiaridad fluida que a Dimitrios le dolió como un impacto físico en el estómago. Sus vaqueros oscuros se amoldaban a la perfección a la curva de sus caderas mientras le entregaba el casco a Javi, soltando una pequeña risa cómplice ante algo que el tatuado le acababa de susurrar al oído. El plan perfecto del magnate griego se desintegró, convirtiéndose en cenizas humillantes. Elena no había estado sufriendo por él; había estado afuera







