37. La Encrucijada del Emir
—¿De verdad sigues siendo tan ciego, De Luca? —Nikos se giró, dando dos pasos rápidos hacia la cama, olvidando por completo la tregua silenciosa que habían firmado —Elena no es una damisela en apuros. ¿No la viste anoche? Tenía el control de la situación. Se metió en la cama del Emir porque quiso. Porque ese maldito árabe tiene algo que ni tu dinero italiano ni mis barcos han podido darle, un imperio que la proteja.
Los celos estallaron entre los dos rivales como pólvora seca. La sola imagen