35. El Fuego Interior
El amanecer en Jebel Ali no trajo la habitual calma dorada del desierto, sino un aire denso, cargado de una electricidad estática que hacía que hasta los criados más antiguos caminaran con la cabeza baja y el paso apresurado. La estructura de poder que había sostenido el palacio durante la última década se había quebrado en una sola noche, y los cimientos imperiales crujían bajo el peso de los secretos a voces.
A las siete de la mañana, no quedaba un solo rincón de las cocinas reales, ni un p