30. Sombras en la Torre Norte
—Doblen la guardia en el ala médica —ordenó Amir, sin apartar la vista del mapa —No quiero que nadie, ni siquiera Zahra, entre en esa habitación hasta que el italiano abra los ojos. Y traigan a Nikos Stavros a mi presencia. Es hora de que el pirata y el rey hablen de negocios.
La noche avanzaba, y mientras los cirujanos daban los últimos puntos de sutura al cuerpo de Matteo, la luz de la luna revelaba una nueva realidad, el Emir ya no era el único que dictaba las reglas en ese palacio de som