12. Fuego en el Trono
Amir se rió, un sonido bajo y peligroso que hizo que Elena retrocediera hasta tocar el tocador.
—¿Prisionera? Mírate, Elena. Llevas más riqueza sobre tu cuerpo de la que la mayoría de la gente verá en diez vidas.
—¡No soy un objeto de valor! —gritó Elena, golpeando la mesa —¡Soy una mujer! ¡Soy la hija de un hombre al que tú y tu familia destruyeron!
Amir la tomó por los hombros, atrayéndola hacia su pecho con una fuerza que la dejó sin aliento.
—Tu padre era un necio que no sabía cuándo ret